Desde que tenemos conciencia de nuestra vida y de nuestro futuro, la meta que nos planteamos es ser felices. Pero, ¿Sabemos reconocer la felicidad?, ¿estamos buscando en el lugar correcto o solo llenamos espacios de nuestras vidas con lujos y momentos que creemos felices? Para orientarnos en este camino, Matthieu Ricard, bautizado como "el hombre más feliz del mundo" luego de un estudio neurocientífico sobre la meditación y la felicidad, nos relata su historia y nos da algunas claves para conectarnos con nuestro yo interno.

Cada día más, la felicidad se convierte en un producto comercial, las campañas publicitarios y los grandes imperios empresariales comercian con algo que no se ve, pero que un estado emocional casi necesario para vivir.

Sobre el tema de la felicidad, que todos sabemos, es algo que no se compra, Matthieu Ricard, bautizado como "el hombre más feliz del mundo", tiene mucho que contarnos.

Matthieu Ricard nació en Francia, se doctoró en el Instituto Pasteur en genética celular, trabajó bajo la supervisión del premio Nobel de medicina, François Jacob. Sin embargo, su vida normal y corriente como la de muchos de nosotros, luego que en 1972 tomó la decisión de trasladarse a el Himalaya y finalmente se convirtió en monje budista.

Su maestro, Dilgo Khyentse Rinpoche, fue un destacado monje con el que permaneció como discípulo y asistente durante 13 años, hasta la muerte del este en 1991, dejándolo a cargo de muchas labores, entre ellas acompañar al Dalai Lama, de quien se ha hecho muy cercano, como intérprete en países de habla francesa.

Pero, ¿qué llevó a Matthieu Ricard confluir en estas dos áreas tan distintas (ciencia y budismo)? Él ha dicho que encontró la vida de los maestros budistas perfectas y decidió dedicarse a cultivar la sabiduría, meditar y transformarse para poder ayudar a otros.

En 2004, ya con una larga carrera como monje budista, Matthieu Ricard participó en un estudio en el que está involocrado el neurocientífico Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, que buscaba medir los efectos de la meditación en el cerebro.

Para ello, a Matthieu se le colocó 256 sensores mientras meditava los resultados mostraron altos niveles de emoción positiva en el córtex prefontal izquierdo del cerebro, área relacionada con las emociones positivas.

Estos sorprendieron a los presentes, ya nunca se había registrado los niveles alcanzados por Matthieu, razón por la que lo nombraron “El hombre más feliz del mundo”.

Si bien es cierto que la meditación por sí sola ha demostrado cambiar la vida de las personas, es decir, disminuir los niveles de estrés, propiciar la atención en el ahora y las emociones positivas, Ricard no sólo se queda con el título del “hombre más feliz del mundo” sino que se dedica al altruismo de tiempo completo; tanto con su fundación como con las pláticas que da a lo largo del mundo y con los libros que publica.

La llamada revolución altruista es un movimiento en el que Ricard se ha convertido una voz vibrante con su trabajo científico y su vocación de monje. Tanto así, que Sylvie Gilman y Thierry Vincent de Lestrade dirigieron un documental titulado “La revolución altruista” (Disponible en Netflix), donde se observa a Ricard y Richard Davidson dando testimonio de los resultados del experimento y lo urgente de propagar la práctica de la meditación a todos las personas posibles.

Muy lejos de la imagen ofrecida en el mercado consumista, la felicidad es un estado momentáneo, como sabemos no todos los días son buenos, sin embargo, podemos enmendar capote y vivir la mayor parte del tiempo felices como perdices.

¿Cómo conseguirlo? Para ello debemos dejar de lado la idea de que la felicidad es una sucesión de eventos estimulantes o que proviene de tener más o acumular productos y experiencias.

Más allá, de viajes, lujos y dinero, la felicidad verdadera, esa que llena cada espacio de nuestro cuerpo y que nos hace sentir en paz, se encuentra en cosas inmateriales como la bondad, en la gratitud y el dar. Acciones que han demostrado que nos sólo nos hace más felices sino también más sanos y armónicos con los que nos rodean.

Por otro lado, meditar nos abre un camino a nuevas formas de ver y vivir la vida, lo mejor de todo es que las personas de a pie no necesitamos convertirnos en monjes budistas sino que podemos adaptarnos a una práctica diaria que nos toma de 15 a 20 minutos para comenzar a vivir los efectos positivos de la meditación.

Todos tendemos a pensar que meditar es algo ajeno a nosotros y que sólo lo consigue quien es capaz de dejar la mente en blanco, pero no es cierto. Meditar es más sencillo de lo que piensas y, de hecho, todos meditamos en el día a día: lo hacemos cuando miramos una puesta de sol o cuando estamos enamorados.

La única diferencia es que, cuando practicamos alguna de las técnicas milenarias de meditación, la atención la llevamos a nosotros mismos, a nuestros sentidos, dejando que nuestros pensamientos o emociones queden en un segundo plano; lo que ha demostrado enormes beneficios para el bienestar mental

Para empezar con esta práctica que persigue la paz y la felicidad debemos tener en cuenta la siguiente explicación de Angélica Granado, profesora de yoga y meditación y fundadora de Om Therapy School.

1 ¿Por dónde empezar?
“Siempre recomiendo algún taller de iniciación y de ahí ir creando tu dinámica en casa. Aunque podamos aprender de forma autodidacta por nuestra cuenta, siempre será más rápido y efectivo contar con alguien que te guíe y te dirija al principio. Surgen muchas dudas y puede que pienses que lo estás haciendo francamente mal”.

2 ¿Cómo sabemos si estamos meditando correctamente?
“Normalmente lo que la gente espera de una meditación es que la sensación que genere sea paz, silencio, quietud, sosiego, relajación, descanso, sentirse bien, pleno… En algunas ocasiones, esto está muy lejos de la realidad. Las sensaciones a veces son agitación, que vuelvan a la mente una tormenta de preocupaciones, problemas no resueltos…. Esta fase es normal, forma parte de limpiar lo que te está desgastando en el día a día, tu único trabajo como meditador es dejar que todas esas cosas salgan de la mente y conseguir no prestarles atención; lo cual sin un buen profesor que te enseñe se hace más complicado”.

3 ¿Cuesta llegar a ese estado mental completo?
“Nada es difícil o imposible, solo es cuestión de practicando de forma regular. Se recomienda practicar semanalmente acompañado, en grupo o con un profesor. Y practicar solos en casa entre 15 minutos y una hora; mejor si lo hacemos todos los días que hacer 45 minutos un solo día a la semana. Pasa lo mismo que si haces deporte a diario o esperas al sábado para darte una paliza de dos horas a correr. No sirve para nada, no crea memoria corporal”.

4 ¿Cuánto dura una sesión de meditación?
"Una sesión de meditación dura lo que cada uno quiera, sea capaz o le permita su ajetreo diario. Para llegar a estados más elevados de conciencia se recomienda más tiempo; al menos una hora. Pero, para un principiante, bastaría con empezar con 5 minutos, luego 15 minutos y así ir incrementando el tiempo. Yo a mis alumnos de práctica de yoga físico, les dejo estar un mínimo de 10 minutos; a los de meditación un mínimo de 30 minutos, aunque, como decía, va a depender de cada uno. Es más importante crear una dinámica sana y que cree constancia antes que hacer mucho muy de vez en cuando”.

5 ¿Cuál es lugar idóneo para meditar?
"Lo ideal sería que tuviésemos una habitación solo para meditar, que la acondicionáramos para ello y entrar allí únicamente cuando hagas tu práctica diaria de meditación. Pero, ¿quién dispone de esto en su hogar? Prácticamente nadie; así que te diría que elijas un lugar donde no te molesten, donde poder desconectar el móvil y desconectar del mundo. También puedes hacerlo en el dormitorio, tras haber acostado a los niños".

6 ¿Cuál debe ser la postura durante la meditación?
"Se recomienda siempre sentado, en el suelo, en una silla… Lo único importante es mantener la columna vertebral erguida. Solo se recomienda meditar tumbado cuando estás enfermo o con alguna dolencia que no te permite hacerlo en otra postura. No suele recomendarse tumbado porque caemos en quedarnos dormidos y la finalidad de meditar no es dormir".

7 ¿Se trabaja también la respiración?
“La respiración es una buena herramienta para entrar en estado de meditación, pero no es ni necesario ni imprescindible. Es una herramienta más para quien le cuesta meditar. Si es así, también nos ayudará escuchar música, como cantos o el sonido de los cuencos tibetanos o de cuarzo, porque nos ayudan a reducir el ritmo de los pensamientos”.

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