Para Los expertos es por el multitasking, una palabra de moda que significa pasar sin pausa de una cosa a la otra.multitaskin2

por Mariana Iglesias - Diario Clarín 


En los '90, fue el temor a quedar afuera por el paso de la vida analógica a la digital, que se metió en cada trabajo, y en cada hogar, modificando la esencia de casi todas las rutinas. Hoy, el estrés tiene nuevas causas: la multiplicación de tareas, la sobrecarga de información que desborda nuestra capacidad de absorberla y el uso sin freno e irracional de nuevas tecnologías. Las pantallas, los mails, los chats, los tuits, todas aquellas acciones que engloba la nueva palabra de moda, el multitasking, se imponen como los responsables del estrés actual.

 

 

"El nombre original del estrés es Síndrome General de Adaptación. Si una persona no se adapta a algo, eso puede generarle una enfermedad por desadaptación", explica a Clarín Daniel Lopez Rosetti, especialista en medicina del estrés.

¿La tecnología puede llegar a tanto? "Sí. Y como hablamos de Antes y Después de Cristo, ahora también deberíamos hablar de AG y DG, antes y después de Google. Claro que hay personas que se adaptan y no les pasa nada, pero a muchas otras sí", dice López Rosetti. "Las nuevas tecnologías generan sobrecarga, superan la capacidad de atención, hacen que disminuya la capacidad de control sobre la vida de uno, y eso provoca estrés. La tecnología es infinita, el que se cansa es uno y el costo psicológico es alto", agrega López Rosetti. Cuenta que en el hospital Central de San Isidro, donde dirige el Programa de Manejo del Estrés (PROMES), se trata el no depender de la tecnología y la importancia de desenchufarse a tiempo.

No es sólo Internet, sino la posibilidad de estar online las 24 horas con dispositivos pequeños y de mano como smart phones y tablets. Para muchos la dependencia es total, personas que todo el tiempo, según los especialistas, "prenden y apagan al cerebro" para hacer múltiples tareas, rotando la atención, sin concentrarse con eficacia en nada.

Para explicar qué pasa cuando el cerebro está en situación de Multitasking, neurólogos del Massachusetts Institute of Technology apelan a la metáfora de la pelotita de ping pong que no sólo salta de un lado a otro de la mesa, sino de una mesa a otra, y en segundos a otra, y a otra. La pelotita es nuestra atención. Y esa repetición es lo que reduce nuestra eficacia y lleva a cometer errores.

"Los artefactos electrónicos pueden romper el equilibrio del organismo e impactar en el funcionamiento cotidiano y en las relaciones sociales -explica Pablo López, psicólogo del Departamento de Psicoterapia de INECO y secretario de Posgrado de la Universidad Favaloro-. Antes las actividades, incluso el trabajo, organizaban el tiempo. Cada uno sabía cuándo comenzaba y terminaba una actividad. Actualmente, el uso de la electrónica pone en jaque esta organización, ya que todo puede hacerse en cualquier hora y lugar".

¿Qué pasa en el cuerpo? Las consultas de gente desbordada aumentan y aparecen nuevas patologías. "El término tecnoestrés se refiere al estrés derivado del uso de nuevas tecnologías en el trabajo. Actualmente, se reconocen tres variantes: tecnoansiedad, tecnofatiga y tecnoadicción", explica Marcela Cohen, Neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina, donde las consultas por tecnoadicción aumentaron entre un 30 y 45% el año pasado. Cohen detalla las variantes. Tecnoansiedad es una sensación no placentera de tensión y malestar por el uso de la tecnología. Una de sus variables es la tecnofobia, que involucra resistencia, miedo y hostilidad hacia la tecnología. Tecnofatiga es la aparición del cansancio mental y la incapacidad para estructurar y asimilar la nueva información derivada del uso de internet. Y tecnoadicción es la necesidad incontrolable de usar la tecnología en todo momento y lugar.

Algunos números para entender: Facebook tiene en el país 23 millones de usuarios activos. De ellos, 16 millones hacen movimientos diarios y 10 millones a través del celular. Según un estudio de 2013, los argentinos pasan en promedio 24 horas al mes conectados a Internet. Un relevamiento de Enrique Carrier señala que el 75% de los argentinos renovó en los últimos años su teléfonos celular y que uno de los principales causas es la explosión de WhatsApp y la necesidad creada por las redes sociales de mantenerse en línea siempre.

"Muchas personas se sienten impelidas por responder un mail que pareciera tener que ser respondido de inmediato porque sino podría traer consecuencias percibidas como perjudiciales. Esto invade distintas situaciones cotidianas y cuando comen, viajan o al acostarse revisan mails", dice López.

Daniel Bogiaizian dirige el área psicoterapéutica de la Asociación Ayuda, donde reciben muchas consultas por este tema. "Los planteos de los pacientes están asociados a la preocupación excesiva que les provoca el no poder parar nunca. Son pacientes que tienden a controlar todo y si no lo hacen sienten que todo se desmorona. Son chequeadores compulsivos de mails, que responden a cualquier hora, pero la disponibilidad absoluta aniquila. Y si no ven respuestas a sus mensajes o si la tecnología no funciona porque no hay servicio, se ponen muy mal, se estresan".

"Vemos que los más jóvenes no pueden despegarse de la tecnología, no pueden desviar el foco de atención y eso hace que se pierdan muchas otras cosas", explica Carlos Millán Ramos, jefe del hospital de día de la Clínica INEBA. Como sus colegas, alude a la falta de descanso que provoca el uso perpetuo de estos aparatos, a los que no se les pone límites. "El estrés es una reacción normal del cuerpo. El problema surge cuando uno se expone de más, y los pacientes obsesivos están permanentemente expuestos", dice Millán Ramos.

¿Cuándo poner el freno?

"Es crucial evaluar en qué medida el uso de las tecnologías impacta negativamente en la vida cotidiana y en las relaciones personales -dice López-. Si el impacto es grande y se pierde la capacidad de elegir cuándo usar los dispositivos y cuándo no, puede ser un problema". Para López Rosetti, la clave es estar atentos al momento en el cual el beneficio pasa a ser una sobrecarga con efectos adversos. "El primer punto es reconocer que hay un problema. Darse cuenta que no podemos estar conectados las 24 horas porque no estamos preparados para eso", agrega Millán Ramos.

El problema, entonces, no es la tecnología sino su mal uso. Hay un ejemplo clarísimo: las redes sociales favorecen lo social, pero si uno no las deja nunca el resultado es la soledad. Hay algo que repiten todos: hemos llegado a un punto en el que muchos han pasado de ser usuarios a usados por las tecnologías.

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