ventitresLas enfermedades que cambiaron la historia.
Revista Veintitres - 13.03.2013

Los próceres argentinos cargaban con diagnósticos similares a los actuales. Pero no contaron con los avances de la ciencia. Del estrés de Belgrano a los infartos de Perón, en un libro que llegó a la televisión.

 

evitaImpacto. Los infartos de Perón, asociados a desilusiones políticas. Evita,  diagnóstico tardío.

 

Primero escribió un libro. Después, y sobre la base de lo escrito, llevó adelante la original idea de organizar un ateneo médico. La idea de bajar del bronce a los héroes de la patria, humanizarlos a través de dolencias y traumas que portan todos los seres humanos, fue de Daniel López Rosetti, médico clínico y cardiólogo, quien se puso a rastrear en papeles viejos, dentro y fuera de las fronteras. El resultado de una investigación acerca de las enfermedades que padecieron "y llevaron a la muerte" a Jesús, a Manuel Belgrano, a Juan Domingo Perón y a una decena de personalidades llegó a la televisión. En Historia Clínica, unitario que se emite semanalmente (los sábados a las 23 por Telefé), un actor se mete en el laberinto personal de los grandes.

En la puesta, el televidente está al tanto de las conversaciones que mantienen los protagonistas con López Rosetti como asesor y el historiador Felipe Pigna para ubicarse en el contexto de la época. Aunque parezca extraño, aquellos militares, hombres de letras, de la política y la cultura de los que tanto creemos que sabemos, cargaban con diagnósticos muy similares a los de hoy en día. Pero no contaron con los avances de la ciencia y la medicina, y hasta en algunos casos fueron tratados erróneamente. Así murieron, cambiando en ese acto la historia de países y continentes. "El estrés existe desde que hay vida, el único lugar donde no hay es en el cementerio. Sin estrés no se puede ganar un combate, es una reacción psicofísica que prepara a la persona para la lucha y para la huida", se entusiasma Rosetti cuando habla de Belgrano. "En términos de medicina del estrés, lo que hizo en ese tiempo es extraordinario. Emplaza las baterías en el río Paraná y enarbola la bandera. Vuelve a Buenos Aires, luego impulsa el éxodo jujeño, después Tucumán, donde para a los realistas y finalmente Salta. Todo eso ocurrió en poco más de un año, enfermo, sin dormir, relevando tropas, preparando alimentos, cuidando la salud de la gente, estableciendo relación con su médico. Si allí no hay una condición de estrés continuo, de activación psicofísica para el combate, no sé dónde existe".

- También se habló de depresión.

- La depresión de Belgrano ocurre cuando vuelve de Europa. Es nombrado en España como presidente del consulado de comercio en Buenos Aires: su finalidad era aumentar el intercambio comercial entre el Río de la Plata y Europa. Cuando llegó acá, con muchas ideas innovadoras y el inicio de una sífilis a cuestas que aún no tenía diagnóstico ni sintomatología, describe que su ánimo estaba abatido. ¿Por qué pudo haber pasado? ¿Por una depresión endógena? La respuesta es no. Se abatió porque fue una emocionalidad de orden negativo consecuente al impacto emocional que recibió.

El interés por la salud y muerte prematura de Belgrano (a los 50 años) llegó tan lejos, que movió a López Rosetti a organizar un ateneo médico en el Hospital Italiano. Fue en junio de 2012, días antes del Día de la Bandera. Decenas de médicos se reunieron a escuchar una clase magistral, como si el paciente viviera. "El ateneo anatomoclínico se realiza cuando un paciente presenta un panorama complicado". Así se discutió al héroe, doscientos años después. Se llegó a un diagnóstico y, de acuerdo al cuadro clínico y referencias como la hidropesía, consiguieron una radiografía compatible. Teniendo a mano la autopsia y el dato de un corazón dilatado, dieron con un electrocardiograma y continuaron con el análisis de los órganos. Los residentes le encontraban un sentido clínico médico y le dieron dimensión a un hombre que realizó hazañas con tanta enfermedad a cuestas. "Cuando se los humaniza, puede verse la otra parte del paciente. Uno puede tener diferencias, pero en el consultorio es amigo y se combate con un enemigo común que es la enfermedad. Así fue naciendo el libro. Son hombres como todos, porque el bronce no cruza los Andes".

- ¿Deberían enseñar las historias clínicas en las escuelas?

- Eso debería responderlo un historiador. Yo creo que hay que darles un perfil humano, tomar la vida de los personajes desde el sufrimiento o el dolor. San Martín tenía insomnio antes de cruzar los Andes, y él mismo se da un diagnóstico cuando dice que superar las altas cumbres es lo que le quita el sueño. Y lo cruzó con el botiquín homeopático de un amigo. Muchos hablaban de su adicción al opio porque consumía láudano de Sydenham para combatir diversos trastornos como el reuma. Dijeron que era adicto, pero un adicto pierde capacidad de conducción de sí mismo, y él condujo a un ejército. Tenía además hemorroides y constipación, y en esas condiciones debía montar a caballo.

En formato de libro, Historia Clínica va a tener una segunda parte. En televisión, pasaron y pasarán las dolencias del Che Guevara, Domingo Faustino Sarmiento, Aníbal Troilo, Alfonsina Storni, Enrique Santos Discépolo, Carlos Jáuregui, Tita Merello y Juan José Castelli, entre otros. Para contar los últimos meses de Juan Domingo Perón, López Rosetti habló con médicos y enfermeras que le facilitaron seguimientos médicos y hasta la tira del electrocardiograma con el último latido impreso. "Con Perón es tan claro, porque fueron cuatro eventos emocionales equivalentes a cuatro cardíacos. Sufría el avión y el estrés. En 1972 y antes de viajar a la Argentina tuvo un infarto de cara diafragmática de corazón. En 1973, antes del retorno definitivo, se estresó por la tardanza del despegue desde Madrid y, ya en vuelo, tuvo dolores y tomó whisky. Cuando llegó al país se enteró de la masacre de Ezeiza y cinco días después, en la casa de Gaspar Campos, tuvo un infarto agudo del miocardio. Durante la noche posterior a la ‘plaza de los imberbes’ hubo que medicarlo por dilatación cardíaca y después de su discurso del 12 de junio le proporcionaron una nueva medicación. En un paciente cardíaco, emoción y efecto de salud van de la mano”.

- Con Eva Perón es como si todo se hubiese confabulado.

- Para responder debería estar ahí unos días y volver. Fue lo que más me interesó. La madre de Eva, doña Juana, recibió el mismo tratamiento en tiempo y forma, al punto que sobrevivió a su hija. En Eva se perdieron 18 meses una vez que le diagnostican cáncer. Ahí falló la relación médico-paciente. Cuando tuvo el primer síntoma, el doctor Ivanissevich la operó de apendicitis y lo peor que le puede pasar a un cirujano es sacar un apéndice normal. Allí hubo una conceptualización de la realidad de Eva Perón en medio de un ámbito palaciego, donde la mayoría de los políticos eran médicos, que no es lo mismo que ser un médico. Era una época de la Argentina en que para que alguien se salvara debía ser operado o tratado por un norteamericano y ahí es donde lo traen a George Pack, a espaldas de ella, un tipo que baja del avión con diarrea por estrés, la opera mal y se vuelve. A veces los poderosos quieren poder manejar las células del mismo modo que manejan los destinos de terceros. En el caso de Evita no hubo relación médico paciente.

- ¿Cómo no pensar en que el curso de la historia hubiese sido otro?

- ¿Por qué meterse en las historias clínicas? Porque es un pretexto médico para conocer al sujeto desde una óptica diferente. Uno va a conocer a un presidente y conoce eso: un presidente, pero en el consultorio es igual que todos los demás. Después, hay que ver qué decisiones toman esas personas, en qué medidas son modificadas por sus cogniciones, entendimientos de salud, sus miedos o seguridades. Esa es la pregunta fuerte. La otra es: ¿y si la historia clínica fuera otra, en qué cambiaba? El caso de Eva Perón es el más claro. La enfermedad de Eva comenzó con un diagnóstico tardío y a los pocos meses moría con 36 kilos de peso. Si no hubiese muerto, sucedía otra cosa. Es decir que la historia clínica modificaba la historia argentina. Belgrano murió a los 50 y también se hubiera modificado la historia. El aporte de esta idea es llegar a los personajes desde la historia clínica.

 


 

Certificados de defunción

En las páginas de Historia Clínica también desfilan personajes decisivos en la construcción histórica y religiosa del mundo. Alejandro Magno era muy joven cuando murió en el año 323 a.C. Como causa probable de su deceso y a 2.333 años de distancia, pudo inferirse que una fiebre tifoidea con perforación intestinal asociada a síndrome de Guillian Barre o bien, por encefalitis originada por el virus del Nilo. Napoleón Bonaparte convivió con su iracundia y mal carácter. Después de la derrota de Waterloo, fue confinado a una isla donde murió de un cáncer gástrico combinado por un shock séptico. Jesús sufrió un estrés agudo que abarcó desde su detención hasta la crucifixión. Los latigazos sufridos provocaron la rotura de músculos, tendones y pérdida de sangre con la consiguiente taquicardia y disminución de la presión arterial. Cuando fijaron su cuerpo a la cruz, los tejidos de sus manos se desgarraron, ya que no podían aguantar todo el peso del cuerpo. Debió respirar a una frecuencia de 30 a 40 latidos por minuto. Murió por paro cardiorrespiratorio traumático y asfixia por crucifixión.

 

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