reflexion personalEl cierre del año es una verdadera oportunidad para tomar conciencia en qué lugar estamos parados.

Darnos cuenta de que podemos elegir hacia donde enfocarnos nos conduce por un camino mucho más apacible.

Nuestra vida está donde está nuestra atención. Si hay algo que existe y no le prestamos atención, pues simplemente "no existe".

Según la física cuántica, estamos inmersos en un mundo de infinitas posibilidades, de las cuales se manifestará aquella en la que posemos nuestra atención.

Estamos prontos a despedir el año. Cerrando un ciclo. Y así como todo final implica un inmediato comienzo, es que estamos a las puertas de un nuevo año. Una nueva etapa en nuestras vidas si es que así lo queremos.

Son muchas las veces en que reiteramos la dirección de la atención. Y un alto porcentaje de nuestro foco atencional tiene que ver con aspectos de la vida que no nos hacen sentir bien. El simple hecho de darnos cuenta de que podemos elegir hacia donde poner el foco, nos conduce por un camino mucho más apacible, mucho más amigable.

El desarrollo de la inteligencia emocional, o cierta salud emocional también, radica en el hecho de aprender a orientarnos atencionalmente no sólo a aquello que tanto daño nos hace, nos molesta o nos duele; sino también a esas otras cosas de la vida que nos generan estado de gratitud, de bienestar.

Suele sucedernos esto no sólo en cuestiones de la vida, y del día a día, sino también con personas y relaciones que no podemos evitar. Es así que la idea de conectar mínimamente con un aspecto que nos agrade de aquello que nos desagrada le da un sutil pero importante giro al asunto. Dicho de esta forma y desde la teoría suena fácil, pero sepámoslo que en la experiencia no lo es tanto, es que como en todo: necesitamos práctica.

Por otro lado también, las fiestas, más allá de lo religioso, de las creencias, de las ceremonias y rituales que se lleven a cabo, las fiestas implican celebración. Es la llegada de nueva vida.

Es tal vez un momento propicio para llevar la atención a lo que sí queremos. Cómo queremos vernos, cómo queremos sentirnos, cuáles son nuestros anhelos. Y por qué no, sonreírnos al pensar en ello.

Todos pasamos momentos difíciles, a todos nos pasan cosas que a veces creemos insuperables. A todos nos duele el alma en cierto momento. Todos atravesamos angustia, tristeza y desazón. Poco útil resulta volver a conectar con esto una vez que pasó.

Debemos hacer hincapié en el hecho de aceptar, soltar y seguir. Cuanto más practiquemos más llevadera y mejor será nuestra calidad de vida. No pasa por ser buenos, sólo se trata de querer vivir mejor.

Aceptar: no significa que nos guste. No quiere decir que estamos de acuerdo, no implica que vayamos a amar lo que aceptamos. No. Es que simplemente "lo acepto porque ya es". Y la resistencia lo eterniza. Una vez que aceptamos podemos hacer algo al respecto. Antes no.

Soltar: al apegarnos en demasía a algo, no es que lo ganamos. Más bien nos perdemos.

Soltar es de las tareas más simples y difíciles que hay. Soltar lo que fuere tiene que ver también con confiar. Confiar en uno, y en el curso de la vida. Soltar lo que nos encadena, lo que no nos permite seguir adelante.

De todas maneras soltar es algo que ocurre cuando adquirimos cierta seguridad en nosotros mismos. Cuando sabemos que valemos sin esa persona, sin esa culpa, sin ese enojo. Sin esos síntomas. Sin esa característica que desarrollamos para ser quien en verdad no somos.

Soltar tiene que ver también con permitirnos seguir el flujo continuo de la vida, una vida que en su naturaleza no hay espacios vacíos, es así que serán ocupados por lo nuevo.

Soltar es un proceso que dura toda la vida.

Juicios: tendemos a juzgar todo. Y en ese juicio nos encarcelamos porque no nos permitimos ver el todo. Nos limitamos al juicio.

En el acto de juzgar creemos tener la razón. Nos enceguecemos ante otras perspectivas, creyendo que la única válida es la nuestra.

El juicio es una trampa que muchas veces nos ubica en un lugar superior, pero es un sitio ficticio y al darnos cuenta, el golpe de la caída es fuerte.

Buscamos muchas veces tener la razón, levantamos banderas de guerra por y para tener razón, y son pocas las veces que elegimos bajar la cabeza, no por resignación sino por un bien supremo.

En época de fiestas también resulta común que se pongan nuevamente a la luz conflictos familiares. Muchas veces olvidamos las causas y sólo recordamos que hay conflicto. Son a veces difíciles los vínculos, de todas maneras no podemos esperar que los demás modifiquen sus posturas o caracteres para estar en paz.

Son fechas especiales. Es una verdadera oportunidad para tomar conciencia en qué lugar estamos parados. ¿Hay congruencia entre lo que queremos para nosotros y la forma en que nos comportamos?

La vida pasa rápido y no tenemos certeza de lo que vaya a ocurrir en la siguiente hora. ¿Si hacemos las paces con nosotros mismos? A veces olvidamos que somos lo único que siempre tendremos.

¿Y si hacemos las paces con la vida y por ende con los demás? Soltemos la creencia que nos ubica en un rol de superioridad, porque es difícil convivir en sociedad cuando todos nos ubicamos ahí.

No somos superiores ni inferiores a nadie. Somos todos iguales. Todos fallamos y todos fallaremos hasta el último día de nuestras vidas. Algunos nos especializamos en fallar en un rubro, otros en otro. Pero todos lo hacemos.

El secreto está en la atención. ¿Desarrollaremos una atención que se queda con lo que nos resulta nocivo? O una atención que busca superarse, busca el desarrollo de la creatividad para dejar de dormir en la automaticidad y despertar la conciencia al darnos cuenta de que siempre hay mucho más de lo que estamos viendo. Hay miles de opciones para interpretar la realidad, hay infinitas maneras que nos permiten sanar. Pero todas ellas serán inocuas hasta tanto no tomemos la decisión de hacerlas formar parte de nuestra vida.

Y en este preciso instante, ¿en donde está la atención? Es ahí donde está la vida.

Joomla! meta tags

Consola de Joomla! Debug

Sesión

Información de Perfil

Uso de Memoria

Registro Database