depresivaLos trastornos mentales constituyen la quinta causa de incapacidad a nivel mundial, pero los gobiernos destinan poco presupuesto a su atención.

La salud mental es la capacidad de las personas de manejar sus pensamientos, emociones y conductas. Cuando se padece una enfermedad mental se afecta la capacidad y autonomía para pensar o actuar, existen limitaciones en la comunicación, aislamiento, y se afecta la independencia funcional.

Los trastornos mentales constituyen 5 de las 10 principales causas de incapacidad funcional. Se entiende como “carga de una enfermedad” a la discapacidad y mortalidad que genera y los trastornos mentales representan la mayor carga global de enfermedad. La depresión y los trastornos de ansiedad son las principales causas de discapacidad en jóvenes y adultos.

Un aspecto determinante de la carga sanitaria de estas enfermedades son las falencias en el cuidado y tratamiento de los pacientes. Sólo entre el 30 y el 50% de quienes sufren depresión acceden a un profesional de salud y sólo entre el 8 y el 16%, a un especialista en salud mental. En países desarrollados menos de una tercera parte de quienes sufren afecciones mentales recibe tratamiento adecuado y en países en vías de desarrollo, sólo el 10%.

La falta de tratamiento de estas enfermedades no debería interpretarse como un problema de costos ya que se disponen de efectivos y variados enfoques de tratamiento. En todo caso es muy superior el costo derivado por no tratarlas.

El impacto económico de las consecuencias de los trastornos mentales es muy significativo e incluye costos directos por el mayor uso de los servicios de salud; costos indirectos como pérdida de ingresos por incapacidad para trabajar y disminución en la productividad. Sin embargo ningún gobierno destina más del 10% del presupuesto en salud a la salud mental.

El Reporte Mundial de Felicidad considera a las enfermedades mentales como el principal determinante de infelicidad y principal causal de miseria (máximo grado de insatisfacción), por encima de la enfermedad física, el desempleo y el bajo ingreso per cápita.

La insatisfacción e infelicidad no se explicaría solamente por la enfermedad mental, sino también por las falencias en la “atención sanitaria” y en la falta de “aceptación social” que hay al respecto.

Para revertir esta situación se requiere de gobernantes que asignen mayores recursos para la salud mental, una sociedad que tenga la “apertura racional” para aceptar a las enfermedades mentales a la par de las físicas y medios de comunicación que den a estas personas el mismo grado de visibilidad que a otros grupos vulnerables.

Mediante la promoción de la salud mental y la prevención de trastornos mentales contribuiremos a la satisfacción individual y a un mayor bienestar sanitario y social. No podemos proveer salud sin salud mental. Así como a nivel individual el cuerpo y la mente son concebidos integralmente, a nivel poblacional la salud física y mental requieren una atención equiparable.

*Gustavo Martín Petracca es médico psiquiatra y neurólogo, director médico de INEBA-Instituto de Neurociencias Buenos Aires.

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