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Cápsula de ANTI CULPA Dr. Daniel López Rosetti
 
 
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NEUROLOGÍA

  • Los niños con autismo presentan un exceso de conexiones neuronales

    Los niños y adolescentes con autismo tienen un superávit de sinapsis en el cerebro, exceso que se debe a la disminución de un proceso de poda que se da en el cerebro durante el desarrollo, según un estudio realizado por neurocientíficos del Centro Médico de la Universidad de Columbia (CUMC, por sus siglas en inglés), en Nueva York, en Estados Unidos.

    Debido a que las sinapsis son los puntos en los que las neuronas se conectan y se comunican entre sí, un exceso de sinapsis puede tener efectos en el funcionamiento del cerebro, como señala la investigación, cuyos resultados se publican en la revista Neuron.

    Los científicos han descubierto que la rapamicina, un medicamento que restaura esta poda puede mejorar los comportamientos similares al autismo en ratones, incluso cuando se administra después de que hayan aparecido esos comportamientos.

    "Éste es un hallazgo importante que podría conducir a una nueva estrategia terapéutica para el autismo", afirma Jeffrey Lieberman, profesor y catedrático de Psiquiatría en CUMC y director del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York, que no participó en el estudio.

    Aunque el fármaco rapamicina tiene efectos secundarios que pueden impedir su uso en personas con autismo, el hecho de que se puedan ver cambios en el comportamiento sugiere que el autismo todavía puede ser tratable después de que se diagnostique a un niño, si los científicos encuentran un medicamento mejor, considera el investigador principal del estudio, David Sulzer, profesor de Neurobiología en los Departamentos de Psiquiatría, Neurología y Farmacología de CUMC.

    Durante el desarrollo normal del cerebro, se produce en la infancia una explosión de la formación de sinapsis, en particular en la corteza cerebral, una región implicada en comportamientos autistas; pero el proceso de "poda" elimina aproximadamente la mitad de estas sinapsis corticales durante la adolescencia tardía. Las sinapsis son conocidas por estar afectadas por muchos genes relacionados con el autismo y algunos investigadores han planteado la hipótesis de que las personas con autismo pueden tener más sinapsis.

    Para probar esta idea, el coautor Guomei Tang, profesor asistente de Neurología en CUMC, examinó los cerebros de niños con autismo que habían muerto por otras causas. Trece cerebros pertenecían a menores de entre 2 y 9 años y 13 cerebros procedían de niños de 13 a 20 años, que se compararon con 22 cerebros de niños sin autismo.

    El doctor Tang midió la densidad de sinapsis en una pequeña sección de tejido en cada cerebro contando el número de pequeñas espinas que se ramifican a partir de estas neuronas corticales; cada una conectándose con otra neurona a través de una sinapsis. Vio que, a finales de la infancia, la densidad de espinas se redujo a la mitad en los cerebros de control, pero sólo al 16 por ciento en los cerebros de pacientes con autismo.

    "Es la primera vez que alguien ha buscado y visto una falta de poda durante el desarrollo de los niños con autismo", afirma el doctor Sulzer, "a pesar de que se ha detectado un menor número de sinapsis en algunas áreas de cerebros de pacientes de edad avanzada y en ratones con comportamientos similares al autismo".

    Además, se hallaron indicios de lo que causó el defecto de poda en los cerebros de los pacientes: las células del cerebro de los niños autistas se llenaron de partes viejas y dañadas y eran muy deficientes en una vía de degradación conocida como "autofagia". Las células utilizan la autofagia para degradar sus propios componentes.

    Utilizando modelos de ratón con autismo, los científicos encontraron el defecto de poda en una proteína llamada mTOR, de forma que cuando ésta está hiperactiva, las células del cerebro pierden gran parte de su capacidad de autofagia. Sin esta capacidad, los cerebros de los ratones contenían exceso de sinapsis. "Aunque la gente suele pensar que el aprendizaje exige la formación de nuevas sinapsis --subraya Sulzer--, la eliminación inapropiada de sinapsis puede ser igual de importante".

    Los investigadores pudieron restaurar la autofagia normal y la poda sináptica revirtiendo comportamientos similares al autismo en los ratones mediante la administración de rapamicina, un fármaco que inhibe la proteína mTOR. El medicamento fue eficaz incluso cuando se administra a los roedores después de que desarrollen comportamientos autistas, lo que sugiere que este enfoque puede usarse para tratar a los pacientes incluso después de que el trastorno se haya diagnosticado.

    Debido a que también se encontraron grandes cantidades de mTOR hiperactiva en casi todos los cerebros de los pacientes con autismo, pueden producirse los mismos procesos en niños con autismo. "Lo que es notable acerca de los hallazgos --apunta Sulzer-- es que cientos de genes se han relacionado con el autismo, pero casi todos nuestros sujetos humanos tenían mTOR hiperactiva y disminución de la autofagia, y todos parecen poseer una falta de poda sináptica normal".

    La vía mTOR

    A su juicio, los resultados señalan que muchos, quizá la mayoría, de los genes pueden converger en esta vía mTOR/autofagia. "mTOR hiperactiva y la reducción de la autofagia, puede ser una característica común de autismo", resume este experto.

    Alan Packer, científico senior en la Fundación Simons, que financió la investigación, considera el estudio un importante paso adelante en la comprensión de lo que sucede en los cerebros de las personas con autismo.

    "La visión actual es que el autismo es heterogéneo, con potencialmente cientos de genes que pueden contribuir a desarrollarlo. Eso es un espectro muy amplio, por lo que el objetivo ahora es comprender cómo estos cientos de genes se agrupan en un número menor de vías, lo que nos dará mejores pistas sobre posibles tratamientos", sentencia Packer.

    "La vía mTOR parece una de estas vías. Es posible que la detección de mTOR y de la actividad de autofagia proporcione un medio para diagnosticar algunas características del autismo y la normalización de estas vías podría ayudar a tratar la disfunción sináptica y la enfermedad", concluye este investigador.

    Juevez28 de Agosto de 2014

OFTALMOLOGÍA

  • ¿La miopía sube con la educación?

    La imagen que tenemos del estudiante, un joven escondido detrás de unas gafas, es ahora refrendada por la ciencia que confirma que la miopía va aumentando a medida que se van subiendo peldaños en el sistema educativo.

    Un estudio, realizado por investigadores del departamento de Oftalmología de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania), ha evaluado a 4.685 personas, hombres y mujeres, de entre 35 y 74 años, para ver qué relación existe entre el nivel educativo y la miopía.

    Según los resultados, parece que este trastorno visual es más frecuente entre aquellas personas que han cursado estudios universitarios. Así, un 53% de quienes habían cursado una carrera sufría miopía, frente al 34,8% que sólo hizo estudios de secundaria y al 34,7% que se quedó en la educación primaria. La investigación se ha hecho con datos del sistema escolar alemán, más complejo y con más fases que el español, pero sus resultados son igualmente aplicables a otros sistemas educativos.

    La miopía es un trastorno complejo con un gran impacto médico y económico en quienes la sufren. En los casos más graves, esta dolencia puede derivar en desprendimientos de retina, cataratas o glaucomas. Una de las novedades que plantea este estudio es preguntarse qué es más importante a la hora del desarrollo de esta enfermedad si la carga genética que una persona hereda o, si por el contrario, influye más su estilo de vida.

    "El factor genético es importante, pero juega un papel mucho menor que el ambiental", explica el doctor Alizera Mirshashi, autor del estudio publicado en la revista de la Academia Americana de Oftalmología. Este experto señala que por factores ambientales se entiende el tiempo que pasa la persona al aire libre o en casa, su nivel educativo, su inteligencia o si vive en un medio rural o urbano.

    Sin embargo, el profesor Luis Fernández-Vega, presidente de la Sociedad Española de Oftalmología, no se atreve a dilucidar cuál de los dos aspectos tiene más carga en el desarrollo de la miopía. "Es muy difícil saber si es más importante la genética o el ambiente. Está claro que la herencia autosómica tiene un valor importante en cuanto a la aparición de este trastorno, pero quizá una vez que ésta se ha empezado a desarrollar por herencia, se incrementa más en aquellas personas que hacen un mayor esfuerzo de visión próxima", señala. Porque quienes pasan muchas horas estudiando, o simplemente leyendo, deben hacer un esfuerzo visual cercano más grande, y este trabajo extra es el que hace que vaya aumentando la miopía, sobre todo en la edad juvenil.

    Tal y como explica Fernández-Vega, esta asociación entre miopía y nivel educativo se ve de forma muy clara entre las personas que opositan, las cuales empiezan a estudiar con un nivel de miopía menor del que tendrán cuando aprueben la oposición. Es por esto que a a quienes tienen miopía no se les aconseja operarse mientras sigan estudiando. "Para pasar por el quirófano la edad mínima son 20 años, pero si se está en pleno proceso de estudio recomendamos esperar a que ya esté estable la miopía", concluye el doctor.

    Miercoles 27 de Agosto de 2014

PEDIATRÍA

  • Cómo manejar los berrinches de tus hijos

    Qué hacer cuando los niños comienzan a decir "no" y cuáles son las claves para brindarles una educación emocional saludable.

    La edad de los berrinches comienza alrededor de los 18 meses. Es el momento en que el niño afirma su autonomía diciendo ¡no! Es la etapa de las rabietas y la oposición. Es esperable que se agache y se levante solo, distinga y muestre distintas partes de su cuerpo, ojos, boca, se saque los zapatos y las medias y reconozca el "no".

    "Conocer que es una etapa normal nos ayuda a los padres y pediatras a entender esto como un proceso que hay que atravesar, absolutamente necesario para el desarrollo de su personalidad", explica la doctora Alejandra Lafont, jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Hospitalaria.

    Según precisa la experta, es una etapa transitoria y los adultos podemos evitar que se prolongue con algunas consideraciones:

    • Tratar de establecer acuerdos entre los padres.
    • Poner límites claros. Esto es fundamental por dos motivos: porque les transmite seguridad que les permite a los chicos estar más tranquilos y sentirse más cuidados y, por lo tanto, más queridos. Por otro lado, porque cuanto más claros sean los límites, más corto y llevadero será el período de berrinches y rabietas.

    Asimismo, Lafont explica que durante la "rabieta" se recomienda:

    • Contener sin consentir.
    • Durante el episodio no son útiles las largas reprimendas con muchas palabras.
    • Es aconsejable permanecer en el mismo ambiente que el niño, protegerlo para que no se lastime y continuar con el límite que se había impuesto previo al episodio del berrinche.

    OTRAS ETAPAS COMPLICADAS

    Por otra parte, la jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Hospitalaria señala que existen otras instancias del desarrollo del niño en las que comienza a manifestarse un cambio en la conducta. "Una de estas etapas es cuando se amplía la dieta. La alimentación del bebé con semisólidos es también un proceso en el desarrollo, forma parte de una etapa madurativa", describe.

    Según apunta la pediatra, los movimientos de los músculos de la boca -que son fundamentales para una buena succión- son diferentes a los que se precisan para incorporar alimentos sólidos y semisólidos. Por lo tanto, los bebés deben aprenderlos y abandonar los mecanismos que fueron útiles para tomar el pecho o la mamadera.

    "Por ejemplo es muy frecuente que los bebés expulsen el alimento hacia afuera con la lengua, esto es por un reflejo llamado de protrusión lingual, que está presente desde el nacimiento y es imprescindible para succionar. Esta expulsión no significa rechazo voluntario, sino que madurativamente tiene que seguir probando para que este reflejo desaparezca", aconseja Lafont.

    En ese sentido, la profesional subraya que los alimentos hay que ofrecérselos en varias oportunidades y no descartarlos.

    Las recomendaciones para la incorporación de los semisólidos y sólidos son:

    • Ofrecer los alimentos frescos y adecuadamente preparados y conservados.
    • Que tengan la temperatura adecuada.
    • Los alimentos dulces se incorporan inicialmente con mayor facilidad por la similitud con la leche materna.
    • Que el ambiente sea tranquilo, no importa el horario. Los padres deben elegir el momento en el que ellos están más disponibles.
    • Permitir que el bebé tenga contacto con los alimentos.

    "Tener en cuenta estos detalles hace que el proceso de aprendizaje de la incorporación de semisólidos sea placentero y minimiza la posibilidad de rechazo de alimentos", indica la experta.

    CHAU PAÑALES

    Otra instancia del desarrollo a tener en cuenta es cuando dejan los pañales. "Cada niño tiene su ritmo propio, pero la mayoría de los niños dejan los pañales entre los dos y los cuatro años", precisa Lafont.

    "Lo que acompaña a este proceso de independencia -añade- son otras pautas que también apuntan a lo mismo: comenzar a separarse de alguna manera de la mamá y adquirir nuevas formas para vincularse".

    De acuerdo con la especialista, en general, los niños que se encuentran listos para comenzar este proceso son independientes para deambular hace varios meses, se sientan y levantan sin dificultad, se comunican con frases, suben y bajan escaleras, conocen las partes de su cuerpo y son capaces de realizar pequeñas tareas en el ámbito intrafamiliar.

    "Con respecto al control de esfínteres específicamente, comienzan a avisar cuando se hacen pis o caca, les molesta estar sucios y duermen siestas y el pañal permanece seco", detalla.

    Lafont hace hincapié en que los padres tienen que tener presente que este proceso dura entre tres y diez meses y recomienda comenzar en el momento oportuno, es decir, evitar el inicio del aprendizaje durante situaciones de éstres, como el nacimiento de un hermano, mudanza, enfermedad de alguien muy allegado.

    "También hay que evitar los retos y castigos, utilizar el baño como espacio dedicado a este fin, no utilizar bacinillas con forma de juguetes, utilizar el refuerzo positivo sin exagerar, evitar frases que signifiquen un chantaje y las comparaciones con hermanos o cualquier otro niño", remarca.

    Por otra parte, la pediatra recuerda que el control de esfínteres se inicia siempre de día y sólo luego de varias semanas o meses de control diurno y cuando el pañal de la noche permanezca seco por varios días se inicia el control nocturno, sabiendo que los "escapes" hasta los cinco o seis años son esperables.

    EN PELIGRO

    Meter los dedos en el enchufe o tirarse de cabeza es una constante en los más chicos, ante estos casos Lafont pone de manifiesto que el "no" de los padres debe ser siempre contundente a todas las edades, aunque señala que si el niño es menor de dos años este "no" rotundo debe ir acompañado del rápido retiro de la fuente de peligro y no se puede dejar al niño solo en ninguna circunstancia.

    "El niño no tiene registro del peligro y probablemente insista en el acto, repitiendo la situación peligrosa, por lo que las frases deben ser reiteradas tantas veces como sea necesario. Es importante saber que siempre debe haber contundencia en el límite pero que el registro también depende de la etapa madurativa en la que se encuentra el niño", enfatiza la pediatra.

    Como todo proceso, el registro de peligro se adquiere paulatinamente, por lo que la claridad debe estar siempre presente y el niño lo va a ir asimilando progresivamente. "Esto significa que no hay que esperar hasta los dos años para enseñarle lo que se puede o no hacer, hay que comenzar desde edades muy tempranas, teniendo en cuenta que la incorporación del no y del peligro no aparecen antes de los 18 meses", concluye.

    Martes 26 de Agosto de 2014

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